Historia de un pepe
Historia de un pepe Repitió la devoción a la siguiente noche, y vio que el individuo estaba paseándose por la habitación. Era realmente un sujeto de edad, medio encorvado y cano, lo que podía advertirse por no llevar el cabello empolvado. La fisonomía del huésped no era desconocida para doña Dorotea. Recordaba haber visto algunas veces aquella cara; pero por más que caviló, no pudo dar con el nombre del que la llevaba. Se limitó, pues, a tomar perfectamente las señas del sujeto, para transmitirlas a Oñate, lo que verificó al día siguiente, que acudió el contador de diezmos a saber el resultado de la pesquisa de la noche anterior. Con la posible exactitud trazó el retrato del huésped; y tales fueron las señales que dio, que don Cristóbal hubo de concluir que si el escondido no era el escribano real, debía ser algún hermano suyo gemelo.
—Los datos —dijo Oñate—, que usted me comunica, son importantes; y aunque todavía no me dan la certeza de que el huésped sea el sujeto que busco, son suficientes para que yo proceda al descubrimiento de una manera directa. Si del paso que voy a dar resulta que el individuo es el que busco, cuente usted con que le daré cuatro onzas.