Historia de un pepe
Historia de un pepe Pasaba la mayor parte del dÃa en el cuartel, estudiaba por la noche la ordenanza militar y un libro de táctica de infanterÃa que compró en una tienda del portal, donde lo puso en venta un capitán retirado. Gabriel olvidó la aventura de la mujer encerrada en el segundo patio de la casa, las visitas nocturnas que recibÃa don Ramón y hasta llegó a familiarizarse con la risa de éste. Tal es el imperio del hábito, por una parte; y tal, por otra, la condición de nuestro espÃritu, que no puede sentirse vivamente impresionado por una idea, sin que se debilite la acción que sobre él ejercen las demás.
Gabriel hizo amistad estrecha con un subteniente de su misma compañÃa, dos años mayor que él y que se llamaba don Luis de Hervias. Este joven y el cadete Fernández habÃan venido a ser casi inseparables, pasando juntos todas las horas que el servicio les dejaba libres.
—DebÃas tú —dijo un dÃa don Luis a Gabriel—, hablar al capitán Rompe y raja para que te enseñe a jugar la espada.
—No conozco —respondió Gabriel—, a ningún capitán de ese nombre.