El Avaro
El Avaro (A Harpagón). ¡Pues bien! Vuestro hijo no es tan raro como decÃs, y se pone en razón. Dice que sabe el respeto que os debe. Que se ha acalorado en el primer impulso, y que no se niega a someterse a lo que os plazca, con tal de que le tratéis mejor que hasta ahora, y le deis una persona en matrimonio con la que se sienta satisfecho.
HARPAGÓN.— ¡Ah! Dile, maese Santiago, que, siendo asÃ, podrá esperarlo todo de mà y que, excepto a Mariana, le dejo en libertad para elegir la que quiera.
MAESE SANTIAGO.— Dejadme hacer.
(A Cleanto). ¡Pues bien! Vuestro padre es más razonable de lo que decÃs, y me ha demostrado que son vuestros arrebatos los que le han encolerizado; que sólo encuentra mal vuestra manera de obrar, y que está enteramente dispuesto a concederos lo que deseáis, con tal que lo solicitéis por las buenas, guardándole las diferencias, los respetos y la sumisión que debe un hijo a su padre.
CLEANTO.— ¡Ah, maese Santiago! Puedes asegurarle que si me concede a Mariana, encontrará siempre en mà al más sumiso de todos los hombres, y que no haré nunca nada contrario a sus deseos.
MAESE SANTIAGO.— (A Harpagón). Hecho. Consiente en lo que decÃs.
HARPAGÓN.— Esto marcha lo mejor del mundo.