El Avaro
El Avaro VALERIO.— No he oÃdo nunca una respuesta más impertinente que ésta. ¡Vaya una maravilla dar una buena comida con mucho dinero! Es la cosa más fácil del mundo, y no hay mÃsero ingenio que no haga otro tanto; mas para obrar como un hombre hábil hay que saber ofrecer una buena comida con poco dinero.
MAESE SANTIAGO.— ¡Buena comida con poco dinero!
VALERIO.— SÃ.
MAESE SANTIAGO.— (A Valerio). A fe mÃa, señor intendente, os quedaremos muy agradecidos si nos reveláis ese secreto y ocupáis mi puesto de cocinero; asà seréis dentro el factotum[1].
HARPAGÓN.— Callaos. ¿Qué necesitaremos?
MAESE SANTIAGO.— Aquà tenéis a vuestro señor intendente, que os dará bien de comer por poco dinero.
HARPAGÓN.— ¡Arre! Quiero que me respondas.
MAESE SANTIAGO.— ¿Cuántas personas seréis en la mesa?
HARPAGÓN.— Seremos ocho o diez; mas sólo hay que contar ocho. Donde comen ocho pueden comer muy bien diez.
VALERIO.— Eso por descontado.
MAESE SANTIAGO.— ¡Pues bien! Se necesitarán cuatro grandes ollas de sopa y cinco platos… Sopas… Principios…