Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ah, mamá, el mundo se ha lavado bien la cara, ¿verdad? —exclamó Di la mañana en que regresó el sol.

Había pálidas estrellas de primavera sobre campos de niebla, había sauces en el pantano. Hasta las ramas de los árboles parecieron haber perdido de pronto su clara y fría silueta para volverse suaves y lánguidas. El primer petirrojo fue todo un acontecimiento; el Pozo fue una vez más un lugar lleno de un libre y silvestre deleite; Jem le llevó a su madre las primeras anémonas… para ofensa de la tía Mary María, convencida de que tendría que habérselas regalado a ella; Susan comenzó a limpiar los estantes de la buhardilla, y Ana, que casi no había tenido un minuto para ella en todo el invierno, se puso la alegría primaveral como un vestido y literalmente vivía en el jardín, mientras que Camarón mostraba sus éxtasis primaverales retorciéndose en todos los senderos.

—Te preocupas más por ese jardín que por tu marido, Anita —dijo la tía Mary María.

—Mi jardín es tan bueno conmigo… —respondió Ana, en medio de una ensoñación, y entonces, al darse cuenta de lo que podría deducirse de su respuesta, se puso a reír.

—Dices cosas tan raras, Anita. Claro que yo sé que no es tu intención decir que Gilbert no es bueno, pero ¿y si te escuchara un extraño?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker