Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Me decÃa que su esposo querÃa que usted le cocinara una gallina.
—Ah, sÃ. Y he lamentado tanto no haberlo hecho. Me despierto por las noches y pienso en eso. Pero yo no sabÃa que se iba a morir, señora Blythe. Nunca se quejaba y me dijo que se sentÃa mejor. Y se interesó por las cosas hasta el final. Si yo hubiera sabido que se iba a morir, señora Blythe, le hubiera cocinado una gallina, aunque fuera la mejor ponedora.
La señora Mitchell se quitó sus guantes de encaje negro y se enjugó los ojos con un pañuelo con una puntilla de al menos dos centÃmetros.