Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¿Me vas a reprender mañana por la mañana, mamá?
—No. Creo que has aprendido la lección. Ahora duérmete, hermosa.
«Mamá es tan sensata», fue el último pensamiento consciente de Di.
Pero Susan, mientras se estiraba en paz en su cama, con el tobillo cómodamente vendado por manos expertas, se decía: «Tengo que buscar el peine de dientes finitos mañana por la mañana, y cuando vea a la deliciosa señorita Jenny Penny, le voy a dar una sesión de limpieza de piojos que no va a olvidar mientras viva».