Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Cogió la sombrilla y salió corriendo; sus piernas regordetas resonaban sobre el viejo muelle. Detrás de ella, quedaba una niña con el corazón destrozado, sentada entre las ruinas de su pequeño universo. Pero a Dovie no le importaba. «Pichoncita» no era una buena palabra para definir a Nan. En realidad no era demasiado divertido engañarla. Claro que le contarÃa todo a su madre apenas averiguara que la habÃan engañado.
«Es una suerte que me vaya a casa el domingo», reflexionó Dovie.
Nan se quedó sentada en el muelle durante lo que le parecieron horas… ciega, aplastada, desesperada. ¡No era la hija de su madre! Era la hija de Jimmy Seisdedos… Jimmy Seisdedos, a quien siempre le habÃa tenido un miedo secreto sencillamente debido a sus seis dedos. No tenÃa derecho a vivir en Ingleside, querida por mamá y papá. «¡Ay!», fue el profundo gemido de Nan. Mamá y papá no la querrÃan más, si se enteraban. Todo su amor irÃa a parar a Cassie Thomas.
Nan se llevó las manos a la cabeza…
—Estoy mareada —dijo.