Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Nosotras, las viejas solteronas, podemos contestarle, ¿no? —dijo Celia Reese, dándole un suave codazo a Edith Bailey. A Celia no le gustaba Edith porque Edith era todavÃa bonita y no estaba del todo fuera de carrera.
—Gertrude Cromwell era de verdad muy fea —dijo la señora de Grant Clow—. TenÃa el cuerpo chato como una tabla. Pero era una excelente ama de casa. Lavaba todas las cortinas todos los meses, y si Bertha lavaba las suyas una vez al año, ya era demasiado. Y los cubrecortinas estaban siempre torcidos. Gertrude decÃa que le daba escalofrÃos pasar por la casa de John Cromwell. Y sin embargo, John Cromwell adoraba a Bertha, y William apenas soportaba a Gertrude. Los hombres son muy raros. Dicen que William se quedó dormido la mañana de su boda y se vistió tan deprisa, que llegó a la iglesia con zapatos y medias viejos.
—Pero eso fue mejor que lo que le pasó a Oliver Random —rió la señora de George Carr—. Él se olvidó de mandarse a hacer un traje para la boda, y su traje de ir a la iglesia estaba imposible. TenÃa remiendos. Asà que le pidió prestado el mejor traje a su hermano. Le quedó más o menos.