Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¡Bueno, qué alegrÃa recuperar mis anteojos! —dijo—. Los he extrañado tanto para leer el almanaque los domingos… ¿Asà que tú eres una de las niñas Blythe? ¡Qué cabello tan bonito tienes! Siempre he querido conocer a alguno. He oÃdo que vuestra mami os crÃa cientÃficamente. ¿Os gusta?
—¿Si nos gusta… qué? —Ah, malvada, encantadora Dama, tú no leÃas el almanaque los domingos. Tampoco decÃas «mami».
—Eso, que os crÃen cientÃficamente.
—A mà me gusta la forma en que me crÃan —dijo Nan, tratando de sonreÃr y lográndolo a duras penas.
—Bueno, tu mami es una mujer muy fina. Se mantiene firme. Yo juro que la primera vez que la vi, en el funeral de Libby Taylor, me pareció una recién casada, tan feliz se la veÃa. Siempre pienso, cuando veo a tu mami entrar en una habitación, que todos se ponen atentos, como esperando que pase algo. Las nuevas modas le quedan bien, además. La mayorÃa de nosotras no está para ponerse esa ropa. Pero ven, siéntate un ratito. Me alegro de ver a alguien, esto es muy solitario a veces. No puedo darme el lujo de tener teléfono. Las flores son mi compañÃa. ¿Alguna vez viste caléndulas más hermosas? Y tengo un gato.