Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Lo que siguieron viendo aún les gustó más. Además del salón habÃa una cocina y un pequeño dormitorio. El piso superior lo componÃan tres habitaciones, una grande y dos pequeñas. Ana prestó especial atención a una de éstas, con vista a los enormes pinos, y deseó que fuera la suya. Estaba empapelada de azul claro y tenÃa un pequeño tocador muy antiguo con candelabros. HabÃa también una gran ventana con un acogedor asiento bajo los volantes de muselina azul, y Ana pensó que era el lugar ideal para estudiar y meditar.
—Es tan maravilloso que temo despertar y encontrarme con que todo es un hermoso sueño —dijo Priscilla mientras salÃa.
—La señorita Patty y la señorita MarÃa están hechas «de la sustancia de los sueños» —rió Ana—. ¿Puedes imaginártelas de «trotamundos», especialmente con esos chales y cofias?
—Supongo que se los quitarán cuando empiecen a trotar —dijo Priscilla—, pero con toda seguridad que llevarán sus labores a todos lados. Son parte de ellas mismas. Ya las veo recorriendo la AbadÃa de Westminster y tejiendo al mismo tiempo. Bueno, el caso es que viviremos en «La Casa de Patty»… y en Spofford Avenue. Me siento como una millonaria.
—Y yo como una de las estrellas matutinas que salta de gozo —respondió Ana.