Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Debo regresar a casa —exclamó con indiferencia algo exagerada—. Marilla estaba con dolor de cabeza esta tarde y con toda seguridad los mellizos andarán haciendo de las suyas. No debà permanecer fuera tanto tiempo.
De camino a casa habló de cosas sin importancia y Gilbert apenas pudo intercalar una que otra palabra. Fue un alivio para ella que se separaran. Desde que se le reveló en «La Morada del Eco», su corazón abrigaba un nuevo sentimiento hacia Gilbert, algo que alteraba la camaraderÃa de los dÃas escolares y amenazaba ocupar su lugar.
«Nunca me habÃa alegrado de que Gilbert se fuera», pensó, entre resentida y apenada, mientras subÃa la cuesta. «Nuestra amistad se perderá si insiste en sus tonterÃas. No debe ocurrir y no lo permitiré. ¡Oh, por qué los chicos serán tan irrazonables!».