Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¡No sigas! —exclamó Diana—. ¡Parece que fuésemos un par de viejas!
—Es que asà me siento desde que supe lo de la pobre Ruby. Si es verdad que ella se está muriendo, cualquier otra cosa triste puede serlo también.
—¿Te molesta que visitemos un momento a Elisha Wright? —preguntó Diana—. Mamá me pidió que le dejase este plato con jalea para la tÃa Atossa.
—¿Y quién es la tÃa Atossa?
—¡Oh!, ¿es que no sabes nada? Es la esposa de Samson Coates, de Spencervale; la tÃa de Elisha Wright. Es también tÃa de mi padre. Su marido murió el invierno pasado y quedó muy pobre y sola, de manera que los Wright la trajeron a vivir con ellos. Mamá pensó en tomarla a su cargo pero papá se opuso. Dice que no podrÃa vivir con ella.
—¿Es tan terrible? —inquirió Ana con tono ausente.
—Probablemente podrás ver cómo es antes de que nos vayamos —dijo Diana significativamente—. Papá dice que tiene una cara como un hacha: corta el aire. Pero su lengua es aún más afilada.