Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana se fue a casa con las alegres esperanzas de costumbre, que no se cumplieron en su totalidad. Halló Avonlea azotada por el invierno más frÃo y tormentoso que recordaran los más ancianos habitantes. «Tejas Verdes» temblaba al azote de los vientos. Casi continuamente rugió la tormenta en aquellas desdichadas vacaciones y hasta en los mejores dÃas soplaba sin cesar el viento huracanado. Tan pronto se secaban los caminos, la lluvia los volvÃa a llenar de barro y era casi imposible salir. La S. F. A. trató, en tres noches distintas, de dar una fiesta en honor de las estudiantes, pero cada vez la tormenta habÃa sido peor y, puesto que nadie hubiera podido asistir, abandonaron la idea con gran pesar. Ana, pese a su lealtad por «Tejas Verdes», no pudo dejar de pensar en «La Casa de Patty», con su acogedor fuego, los ojos bondadosos de la tÃa Jamesina, los tres gatos, la alegre charla y las placenteras tardes de los viernes, cuando acudÃan las amistades del colegio y hablaban de todo un poco.