Ana la de La Isla

Ana la de La Isla

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Y también para Jo. ¿Se puede saber por qué insiste en compadecerlo? Yo creo que es digno de envidia. Conmigo obtiene cerebro, belleza y un corazón de oro.

—Menos mal que nosotras sabemos cómo tomar tus discursos —exclamó la tía Jamesina, con paciencia—. Espero que no hablarás así delante de extraños. ¿Qué pensarían de ti?

—No me importa lo que puedan opinar. No tengo interés en verme como me ven los otros. Estoy segura de que la mayoría de las veces sería terriblemente incómodo. Ni el mismo Burns debe haber sido sincero en su plegaria.

—Yo diría que todos pedimos cosas que en realidad no deseamos; lo comprobaríamos si tuviéramos la valentía de mirar en nuestro corazón —respondió la tía Jamesina sinceramente—. Creo que esa clase de plegarias no van muy lejos. Yo acostumbraba rezar pidiendo a Dios que me concediera la gracia de perdonar a cierta persona; ahora comprendo que, en realidad, no quería perdonarla. Cuando finalmente quise hacerlo, la perdoné sin necesidad de rezar.

—No puedo imaginarla guardando rencor a alguien por mucho tiempo, tía —dijo Stella.

—¡Oh, antes sí que era capaz! Pero a medida que pasan los años comprendo que no vale la pena.

—Eso me recuerda algo que quería contarles —dijo Ana. Y les refirió la historia de Janet y John.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker