Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Adiós —susurró la joven. Cuando Roy se hubo ido permaneció largo rato en el pabellón, observando cómo la niebla envolvía lentamente el puerto.
Se sentía llena de humillación y de vergüenza; sabía que lo que había hecho no tenía perdón, pero en el fondo sentía la extraña sensación de que había recobrado su libertad.
Se deslizó dentro de «La Casa de Patty» en medio de la oscuridad y escapó a su cuarto. Pero halló a Phil aguardándola junto a la ventana.
—Espera —dijo sonrojándose anticipadamente—. Espera a que oigas lo que voy a decirte, Phil: Roy me pidió que me casara con él y lo rechacé.
—¿Tú… tú lo has rechazado? —exclamó Phil palideciendo.
—Sí.
—Ana Shirley, ¿estás en tu sano juicio?
—Supongo que sí. ¡Oh, Phil, no me regañes! Tú no comprendes…
—Ya lo creo que no. Has estado alentando a Roy de mil maneras durante dos años… y ahora me dices que lo has rechazado. Entonces has estado coqueteando con él de un modo escandaloso. ¡Oh, Ana, no puedo creer eso de ti!
—No lo he hecho. Creí honestamente que lo quería hasta el último momento… y entonces… bueno, simplemente supe que nunca podría casarme con él.