Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana estaba muy cansada a consecuencia de la fiesta que habÃa dado Ruby Gillis la noche anterior. TenÃa muchas más ganas de dormir que de oÃr las confidencias de Jane, que con toda seguridad la aburrirÃan. No tenÃa la más remota idea de lo que se avecinaba. Probablemente también Jane se habÃa comprometido; corrÃan rumores de que Ruby Gillis era la novia del maestro de la escuela de Spencervale, por quien se decÃa que suspiraban todas las muchachas. «Pronto seré la única soltera de nuestro antiguo cuarteto», pensó Ana en su sopor, y dijo:
—Por supuesto.
—Ana —prosiguió Jane aún más solemnemente—, ¿qué piensas de mi hermano Bill?
Ana se quedó con la boca abierta ante la inesperada pregunta y forcejeó desesperadamente con sus ideas. ¡Por Dios! ¿Qué pensaba ella de Billy Andrews? Nunca habÃa pensado nada sobre él, sobre el Billy Andrews de cara redonda y tonta con su eterna sonrisa. ¿PodrÃa cualquiera pensar siquiera en él?
—No… no entiendo, Jane —tartamudeó—, ¿qué quieres decir… exactamente?
—¿Te gusta Billy? —preguntó Jane lisa y llanamente.