Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Bueno, no llegó a ese puesto por su apariencia —dijo Marilla—. ¡Con una nariz como la suya! Pero sabe hablar. Me sentà orgullosa de ser conservadora. Rachel Lynde, como es liberal, desde luego que no lo apreció. Tienes el almuerzo en el horno, Ana, y te puedes servir ciruelas en almÃbar. Sospecho que debes tener hambre. Matthew me ha estado contando lo de anoche. Te digo que fue una suerte que supieras qué hacer. Ni siquiera yo lo hubiera sabido, pues nunca vi un caso de garrotillo. Bueno, no hables hasta después de almorzar. Por tu aspecto puedo decir que te mueres por hablar, pero puedes esperar.
Marilla tenÃa algo que decir a Ana, pero no lo dijo entonces pues sabÃa que la subsecuente excitación de la niña la arrancarÃa de asuntos tan materiales como el apetito. Cuando Ana hubo terminado, dijo Marilla:
—La señora Barry estuvo aquà esta tarde. QuerÃa verte, pero no te desperté. Dice que le salvaste la vida a Minnie May y que siente mucho haberse portado como lo hizo respecto al asunto del vino casero. Dice que ahora sabe que no tuviste intención de emborrachar a Diana y espera que la perdones y que seas otra vez buena amiga de su hija. Si quieres, puedes ir esta tarde a su casa, pues Diana no puede salir por culpa de un resfriado que cogió anoche. Por favor, Ana Shirley, no saltes por el aire.