Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Por todos los santos, Ana, has condimentado el pastel con linimento. Rompí la botella la semana pasada y puse lo quedó en una botella vacía de vainilla. Supongo que tengo parte de la culpa, debí haberte avisado. ¿Pero cómo es que no lo oliste?
Ana se disolvió en lágrimas ante su terrible desgracia.
—No podía; ¡tenía un resfriado tan terrible! —dijo y echó a correr hasta su habitación, donde se tiró sobre la cama y lloró como alguien que se niega a ser reconfortado.
De pronto, sonaron ligeros pasos en la escalera y alguien penetró en la habitación.