Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes El festival tuvo lugar por la tarde y resultó un rotundo éxito. El pequeño salón estaba a rebosar; todos los actores estuvieron muy bien, pero Ana fue la estrella más brillante de la noche, lo que ni la envidia de Josie Pye se atrevió a negar.
—Oh, ¿no ha sido una velada magnÃfica? —suspiró Ana cuando todo hubo terminado y Diana y ella volvÃan juntas a casa bajo un cielo oscuro y estrellado.
—Todo salió muy bien —dijo Diana prácticamente—. Creo que debemos haber hecho mucho más de diez dólares. ImagÃnate, el señor Alian va a enviar un artÃculo sobre el festival a los periódicos de Charlottetown.
—Oh, Diana, ¿realmente veremos nuestros nombres en letra de imprenta? Me hace estremecer el solo pensar en ello. Tu «solo» fue de lo más elegante, Diana. Me sentà más orgullosa que tú cuando pidieron que lo repitieras. Me decÃa a mà misma: «La que asà es honrada, es mi querida amiga del alma».
—Bueno, pues lo que tú recitaste provocó grandes aplausos, Ana. El triste resultó simplemente espléndido.