Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —¡TonterÃas! —Ana rió alegremente—. No hay sacrificio. Nada serÃa peor que dejar «Tejas Verdes»; nada podrÃa herirme más. Debemos guardar este viejo y querido lugar. Ya estoy decidida, Marilla. No voy a Redmond y sà voy a quedarme aquà a enseñar. No se preocupe lo más mÃnimo por mÃ.
—Pero tus ambiciones y…
—Tengo tantas ambiciones como siempre. Lo único que ha cambiado es el objeto de ellas. Seré una buena maestra y salvaré su vista. Además, tengo pensado estudiar en casa y tomar un pequeño curso. Oh, tengo docenas de planes, Marilla. Los he estado pensando durante una semana. Daré lo mejor de mi vida y la vida me devolverá lo mejor de ella. Cuando dejé la Academia, la vida parecÃa extenderse recta como un largo camino. ParecÃa perderse en el horizonte. Ahora hay un recodo en ese camino. No sé qué habrá tras él, pero creeré que será lo mejor. Esa curva posee cierta fascinación, Marilla. Pienso cómo será el camino tras ella. Lo que hay de verde gloria y de luz y sombra suave; qué nuevos paisajes; qué nuevas bellezas; qué curvas, colinas y valles se extienden más allá.
—No sé si deberÃa dejarte abandonarla —dijo Marilla, refiriéndose a la beca.