Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La señorita Cornelia y la señora Rachel no se gustaron demasiado una a otra. «Dos soles no campan juntos». Pero no chocaron, pues la señora Rachel estaba en la cocina, ayudando a Ana y a Marilla con la cena, y le tocó el turno a Gilbert de entretener al capitán Jim y a la señorita Cornelia o, más bien, de ser entretenido por ellos, pues un diálogo entre esos dos viejos amigos y antagonistas no era jamás aburrido.
—Han pasado muchos años desde la última cena de Navidad que se celebró aquí, señora Blythe —dijo el capitán Jim—. La señorita Russell siempre iba a casa de sus amigos de la ciudad a pasar la Navidad. Pero yo estuve aquí en la primera cena de Navidad que se celebró en esta casa, y cocinó la esposa del maestro. De eso hace hoy sesenta años, señora Blythe, y era un día muy parecido al de hoy, con nieve suficiente para dejar las colinas blancas y el puerto tan azul como si fuera junio. Yo era apenas un muchacho y nunca antes me habían invitado a cenar; además era demasiado tímido para comer mucho. Pero eso ya lo he superado.
—Como casi todos los hombres —dijo la señorita Cornelia, sin dejar de coser frenéticamente.