Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Los cabellos rojizos están muy de moda ahora —dijo Ana, tratando de sonreÃr pero hablando con un dejo de frialdad. La vida le habÃa dado un desarrollado sentido del humor que la ayudaba a sobreponerse a muchas dificultades, pero hasta el momento, nada habÃa conseguido endurecerla ante la menor referencia a su cabello.
—Asà es, asà es —concedió la señora Harmon—. Es desconcertante lo rara que puede ser la moda. Bien, Ana, tus cosas son muy bonitas, y muy apropiadas para tu situación en la vida, ¿no te parece, Jane? Espero que seas muy feliz. Tienes mis mejores deseos, te lo aseguro. Un noviazgo largo no siempre acaba bien. Pero en tu caso no se pudo evitar, claro.
—Gilbert parece muy joven para ser médico. Me temo que la gente no le tendrá demasiada confianza —dijo la señora de Jasper Bell con tono siniestro. Luego apretó los labios con fuerza, como si ya hubiera dicho lo que consideraba un deber decir y tuviera la conciencia tranquila. PertenecÃa a esa clase de mujeres que siempre tienen una pluma negra en el sombrero y rizos desordenados en la nuca.