Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La señorita Cornelia volvió contenta de la casita de arroyo arriba.
—Leslie va a hospedarlo —anunció—. Se alegró mucho con la idea. Necesita un poco de dinero para retejar el techo de la casa este otoño y no sabÃa de dónde sacarlo. Espero que el capitán Jim se interese cuando sepa que un nieto de los Selwyn vendrá aquÃ. Leslie me pidió que te dijera que le encantan los pasteles de cereza, pero que no puede venir a tomar el té porque tiene que ir a buscar los pavos. Se han escapado. Pero dice que, si sobran algunos, se los guardes en la despensa y que a la hora en que salen los gatos a cazar, cuando es lÃcito merodear, vendrá a buscarlos. No sabes, Ana querida, cuánto bien le hizo a mi corazón oÃr a Leslie enviarte un mensaje como ése y oÃrla reÃr como hace tiempo que no reÃa. Ha cambiado mucho últimamente. RÃe y bromea como una niña y, por lo que dice, entiendo que viene a menudo.
—Todos los dÃas y, si no viene ella, voy yo a su casa —dijo Ana—. No sé qué harÃa sin Leslie, en especial ahora que Gilbert está tan ocupado. Casi nunca está en casa, excepto unas pocas horas por la noche. Está trabajando muchÃsimo. Ahora lo manda llamar mucha gente del otro lado del puerto.