El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Cuando Una llegó a su casa, Faith estaba tendida boca abajo sobre la cama, negándose terminantemente a ser consolada. La tÃa Martha habÃa matado a Adam. En esos precisos momentos, él reposaba en una bandeja en la despensa, atado, condimentado y rodeado por su hÃgado, su corazón y otras menudencias. A la tÃa Martha le habÃa importado un bledo el dolor y la furia de Faith.
—HabÃa que darle algo de comer al pastor forastero —explicó—. Ya eres una niña grande para hacer semejantes aspavientos por un gallo viejo. SabÃas bien que algún dÃa habrÃa que matarlo.
—Cuando venga papá le voy a decir lo que hiciste —amenazó Faith, sollozando.
—Ni se te ocurra molestar a tu pobre padre. Ya tiene bastantes problemas. Y yo soy el ama de llaves aquÃ.
—Adam era mÃo, me lo regaló la señora Johnson. No tenÃas por qué tocarlo —gritó Faith.
—No te pongas impertinente. El gallo está muerto y ahà se termina la historia. No voy a sentar un pastor desconocido a la mesa para darle carnero hervido frÃo. A mà me educaron bien, aunque haya descendido en la escala social.
