Valancy Stirling
Valancy Stirling Estos significativos detalles se mantuvieron flotando en su mente como fantasmas espontáneos, sin encadenamiento alguno en el tiempo o en el espacio. Por ejemplo, aquella vez que, a la edad de dieciséis años, había puesto demasiado azulete en una tina llena de ropa. O aquella otra en que, a los ocho años, había «robado» un poco de mermelada de frambuesa de la despensa de la tía Wellington. Valancy nunca dejó de escuchar referencias a estos dos delitos menores, y en casi todas las reuniones del clan se hacían chascarrillos a su costa por ellos. El tío Benjamín le recordaba inevitablemente, en referencia al incidente de la mermelada de frambuesa, que había sido él quien la había sorprendido con la cara toda embadurnada de confitura.
«Ciertamente, he cometido tan pocas faltas en mi vida que tienen que seguir insistiendo en las antiguas», pensó Valancy. Pero no, yo nunca me he peleado con nadie. Y no tengo enemigos. ¡Qué débil de carácter debo ser para no tener siquiera un enemigo!