UtopÃa
UtopÃa —Mucho me ha complacido, Rafael amigo —le dije yo— lo que con elegancia y profundidad me has contado. Me parecÃa estar de nuevo en mi patria y revivir los tiempos de mi infancia, cuando hablabas del Cardenal en cuya corte me eduqué de niño. El calor con que has evocado su figura hace que te profese una mayor estima de la que ya antes te profesaba y era mucha. Con todo, no cambio de opinión en el asunto base: pienso que, si de verdad te decides a superar el horror que te causan las cortes reales, tus consejos serÃan de gran utilidad para el pueblo. Nada cuadra mejor con tu bondad y recto sentir. Tu buen amigo Platón decÃa que los reinos serÃan felices si los reyes filosofaran y los filósofos reinaran. Pero, ¿no se alejará de nosotros esa dicha si los filósofos ni se dignan siquiera asistir a los reyes con sus consejos?