Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Cuando Albert Béguin, en la primera página de su admirable libro El alma romántica y el sueño afirma que «toda época del pensamiento humano podría definirse, de manera profunda, por las relaciones que establece entre el sueño y la vigilia», señala no sólo el verdadero espíritu del Romanticismo alemán sino el de toda la poesía moderna, relacionada más íntima y secretamente de lo que hasta ahora se ha advertido con ese despertar del alma y ese despertar al sueño que es el movimiento romántico. Porque si en el Romanticismo, gracias al instrumento mágico del lenguaje, lo irreal y lo real, lo visible y lo invisible, lo conocido y lo desconocido, la vigilia y el sueño se cruzan y entrecruzan, se funden y confunden, las relaciones entre estos mundos llamados opuestos se han hecho más profunda y angustiosamente lúcidas que nunca antes en la poesía moderna. Por ello, conviene corregir la costumbre de hacer partir de Baudelaire la poesía moderna, y hacerla desprenderse, mejor, de Gérard de Nerval que no sólo recoge las profundas inquietudes del Romanticismo alemán sino que las vive sustancial y trágicamente. Las vive no sólo en su romántica existencia sino en su obra en que la prosa y la poesía no parecen ser —y no lo son en sus manos— géneros diversos.