Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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A algunos el vivir se les malogra: un gusano venenoso les roe el corazón. Por ello, cuiden tanto más de que no se les malogre el morir.

Algunos no llegan nunca a estar dulces, se pudren ya en el verano. La cobardía es lo que los retiene en su rama.

Demasiados son los que viven, y durante demasiado tiempo penden de sus ramas. ¡Ojalá viniera una tempestad que hiciese caer del árbol a todos esos podridos y comidos de gusanos!

¡Ojalá viniesen predicadores de la muerte rápida! ¡Éstos serían para mí las oportunas tempestades que sacudirían los árboles de la vida! Pero yo oigo predicar tan sólo la muerte lenta y paciencia con todo lo «terreno».

Ay, ¿vosotros predicáis paciencia con las cosas terrenas? ¡Esas cosas terrenas son las que tienen demasiada paciencia con vosotros, hocicos blasfemos!

En verdad, demasiado pronto murió aquel hebreo a quien honran los predicadores de la muerte lenta: y para muchos se ha vuelto desde entonces una fatalidad el que él muriese demasiado pronto.

No conocía aún más que lágrimas y la melancolía propia del hebreo, junto con el odio de los buenos y justos, – el hebreo Jesús[123]: y entonces lo acometió el anhelo de la muerte.


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