Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¡Y no supieron amar a su Dios de otro modo que clavando al hombre en la cruz!
Como cadáveres pensaron vivir, de negro vistieron su cadáver; también en sus discursos huelo yo todavÃa el desagradable aroma de cámaras mortuorias.
Y quien vive cerca de ellos, cerca de negros estanques vive, desde los cuales canta el sapo su canción con dulce melancolÃa.
Mejores canciones tendrÃan que cantarme para que yo aprendiese a creer en su redentor: ¡más redimidos tendrÃan que parecerme los discÃpulos de ese redentor!
Desnudos quisiera verlos: pues únicamente la belleza debiera predicar penitencia. ¡Mas a quién persuade esa tribulación embozada![166]
¡En verdad, sus mismos redentores no vinieron de la libertad y del séptimo cielo de la libertad! ¡En verdad, ellos mismos no caminaron nunca sobre las alfombras del conocimiento!
De huecos se componÃa el espÃritu de esos redentores; mas en cada hueco habÃan colocado su ilusión, su tapahuecos, al que ellos llamaban Dios.
En su compasión se habÃa ahogado su espÃritu, y cuando se hinchaban y desbordaban de compasión, siempre nadaba en la superficie una gran tonterÃa.