Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Y hay otros que llaman virtud al hecho de que sus vicios se vuelvan perezosos; y cuando su odio y sus celos estiran alguna vez los miembros, entonces su «justicia» se despabila y se restriega los adormilados ojos.
Y hay otros que son arrastrados hacia abajo: sus demonios los arrastran. Pero cuanto más se hunden, tanto más ardientes relucen sus ojos y el ansia de su Dios.
Ay, también los gritos de éstos llegaron hasta vuestros oídos, virtuosos: «lo que yo no soy, ¡eso, eso son para mí Dios y virtud!».
Y hay otros que llevan mucho peso y por ello rechinan, igual que carros que conducen piedras cuesta abajo: hablan mucho de dignidad y de virtud – ¡a su freno llámanlo virtud!
Y hay otros que son semejantes a relojes a los que se les ha dado cuerda; producen su tictac, y quieren que al tictac – se lo llame virtud.
En verdad, con éstos me divierto: cuando yo encuentre tales relojes les daré cuerda con mi mofa; ¡y ellos deberán encima ronronear![170].
Y otros están orgullosos de su puñado de justicia y a causa de ella cometen crímenes contra todas las cosas: de tal manera que el mundo se ahoga en su injusticia.