Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Pero aún más repugnantes me resultan todos los que lamen servilmente los salivazos; y el más repugnante bicho humano que he encontrado lo bauticé con el nombre de parásito[361]: éste no ha querido amar, pero sà vivir del amor.
Desventurados llamo yo a todos los que sólo tienen una elección: la de convertirse en animales malvados o en malvados domadores de animales: junto a ellos no levantarÃa yo mis tiendas[362].
Desventurados llamo yo a todos aquéllos que siempre tienen que aguardar, – repugnan a mi gusto: todos los aduaneros y tenderos y reyes y otros guardianes de paÃses y de comercios.
En verdad, también yo aprendà a aguardar, y a fondo, – pero sólo a aguardarme a mÃ. Y aprendà a tenerme en pie y a caminar y a correr y a saltar y a trepar y a bailar por encima de todas las cosas.
Y ésta es mi doctrina: quien quiera aprender alguna vez a volar tiene que aprender primero a tenerse en pie y a caminar y a correr y a trepar y a bailar: – ¡el volar no se coge al vuelo!
Con escalas de cuerda he aprendido yo a escalar más de una ventana, con ágiles piernas he trepado a elevados mástiles: estar sentado sobre elevados mástiles del conocimiento no me parecÃa bienaventuranza pequeña, –