Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Asà habló el concienzudo; mas Zaratustra, que justo en ese momento volvÃa a su caverna y habÃa oÃdo y adivinado las últimas palabras, arrojó al concienzudo un puñado de rosas y se rió de sus «verdades». «¡Cómo!, exclamó, ¿qué acabo de oÃr? En verdad, me parece que tú eres un necio o que lo soy yo mismo: y tu verdad voy a ponerla inmediatamente cabeza abajo.
El miedo, en efecto, – es nuestra excepción. Pero el valor y la aventura y el gusto por lo incierto, por lo no osado, – el valor me parece ser la entera prehistoria del hombre.
A los animales más salvajes y valerosos el hombre les ha envidiado y arrebatado todas sus virtudes: sólo asà se convirtió – en hombre.
Ese valor, finalmente refinado, espiritualizado, intelectualizado, ese valor humano con alas de águila y astucia de serpiente: ése, me parece, llámase hoy – ».
«¡Zaratustra!», gritaron como con una sola boca todos los que se hallaban sentados juntos, y lanzaron una gran carcajada; y de ellos se levantó como una pesada nube. También el mago rió y dijo con tono astuto: «¡Bien! ¡Se ha ido, mi espÃritu malvado!
¿Y no os puse yo mismo en guardia contra él al decir que es un embustero, un espÃritu de mentira y de engaño?