Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra ¡Sé hombre[552], Suleica! ¡Ánimo! ¡Ánimo!
–¿O acaso vendría bien
Un tónico,
Un tónico para el corazón?
¿Una sentencia ungida?
¿Una exhortación solemne? –
¡Ah! ¡Levántate, dignidad!
¡Dignidad de la virtud! ¡Dignidad del europeo!
¡Sopla, vuelve a soplar,
Fuelle de la virtud!
¡Ah!
¡Rugir una vez más aún,
Rugir moralmente!
¡Como león moral
Rugir ante las hijas del desierto!
– ¡Pues el aullido de la virtud,
Encantadoras muchachas,
Es, más que ninguna otra cosa,
El ardiente deseo, el hambre voraz del europeo!
De nuevo estoy en pie,
Como europeo,
¡No puedo hacer otra cosa, Dios me ayude![553]
¡Amén!
El desierto crece: ¡ay de aquél que dentro de sí cobija desiertos!