Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Este día es una victoria: ¡ya cede, ya huye el espíritu de la pesadez, mi viejo archienemigo! ¡Qué bien quiere acabar este día que de modo tan malo y difícil comenzó!

Y quiere acabar. Ya llega el atardecer: ¡sobre el mar cabalga él, el buen jinete! ¡Cómo se mece, el bienaventurado, el que torna a casa, sobre la purpúrea silla de su caballo!

El cielo mira luminoso, el mundo yace profundo: ¡oh, todos vosotros, gente extraña que habéis venido a mí, merece la pena ciertamente vivir a mi lado!».

Así habló Zaratustra. Y de nuevo llegaron desde la caverna los gritos y risas[555] de los hombres superiores: entonces él comenzó de nuevo.

«Pican, mi cebo actúa, también de ellos se aleja su enemigo, el espíritu de la pesadez. Ya aprenden a reírse de sí mismos: ¿oigo bien?

Mi alimento para hombres[556] causa efecto, mi sentencia sabrosa y fuerte: y, en verdad, ¡no los he alimentado con legumbres flatulentas! Sino con alimento para guerreros, con alimento para conquistadores: nuevos apetitos he despertado.

Nuevas esperanzas hay en sus brazos y en sus piernas, su corazón se estira. Encuentran nuevas palabras, pronto su espíritu respirará petulancia.


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