La gaya ciencia
La gaya ciencia ¡No un cano padre de la Iglesia!
No, joven aún y con frecuencia rojo,
con frecuencia, a pesar de la más horrible resaca,
lleno de celos y de necesidades.
No amo a los ancianos,
él no ama a las viejas:
¡qué asombrosa y sabiamente
lo ha dispuesto Dios!
La Iglesia sabe vivir,
examina corazón y rostro.
Siempre quiere perdonarme,
¡sí, quién no me perdona!
Se susurra con la boquita,
se hace una reverencia y se sale,
y con el nuevo pecadillo
se extingue el antiguo.
Loado sea Dios en la tierra,
que ama a chicas guapas
y alteraciones del corazón como esas
gustoso se perdona a sí mismo.
Mientras siga siendo bello mi cuerpecillo
compensa ser devota:
cuando sea una vieja mujercilla tambaleante
¡que me pretenda el diablo!
El batel misterioso
Ayer por la noche, cuando todo dormía,