La gaya ciencia
La gaya ciencia Quien no tuviese ahora cien rimas,
¡apuesto, apuesto a que
perecerÃa!
«¡Mi felicidad!»
Vuelvo a ver las palomas de San Marcos:
la plaza está silenciosa, la mañana descansa sobre ella.
En el suave aire frÃo lanzo hacia el azul,
igual que bandadas de palomas, canciones ociosas.
Y las atraigo para que vuelvan,
para colgar una rima más en su plumaje
¡mi felicidad, mi felicidad!
Silencioso techo del cielo, azul y luminoso, de seda,
cómo te ciernes, protector, por encima del polÃcromo edificio,
al que yo —¿qué estoy diciendo?— amo, temo, envidio…
¡En verdad, le sorberÃa con gusto el alma!
¿Se la devolverÃa alguna vez?
¡No, calla, maravilla para mis ojos!
¡mi felicidad, mi felicidad!
¡Severa torre, con qué Ãmpetu de león
te alzas aquÃ, victoriosa, sin esfuerzo!
Con tu profundo son llenas la plaza:
en francés, ¿serÃas su accent aigu[69]?