Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Cuando estaba con Lou en Tautenburg y afirmaba en mí a la bestia rubia, desafiando a Lama y a los chismes que se suscitaban en la ciudad, abrigué la simpática idea de aplicar a mi hermana el método de Borgia, y hasta hice pruebas con una serie de venenos. Pero por supuesto mi plan homicida nunca fue más allá de la etapa experimental. Mi conciencia luterana impidió mi voluntad de ser tan fiero como un león y tan astuto como un zorro. Traté de ser el príncipe Maquiavelo, pero en lugar de eso era el pequeño pastor temeroso del Dios que sepulté en mi juventud.
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Un huésped de este hospicio tiene un perro de lanas a quien llama Atma (el alma del mundo) igual que el perro que Schopenhauer quería tanto. El animal se ha encariñado conmigo, como si reconociera a un compañero filósofo confinado en la perrera. Cuando uno de los guardias castigó al animal, se oyó su gañido. ¡Basta, grité yo, no le peguen! ¡Es el espíritu de un amigo mío! ¡Reconocí su voz!