1984
1984 La música de la telepantalla se interrumpió y sonó una voz. Winston levantó la cabeza para escuchar. Pe-ro no era un comunicado del frente; sólo un breve anuncio del Ministerio de la Abundancia. En el trimestre pasado, ya en el décimo Plan Trienal, la cantidad de cordones para los zapatos que se pensó producir habÃa sido sobrepasada en un noventa y ocho por ciento.
Estudió el problema de ajedrez y colocó las piezas. Era un final ingenioso. «Juegan las blancas y mate en dos jugadas.» Winston miró el retrato del Gran Hermano. Las blancas siempre ganan, pensó con un confuso misticismo. Siempre, sin excepción; está dispuesto asÃ. En ningún problema de ajedrez, desde el principio del mundo, han ganado las negras ninguna vez. ¿Acaso no simbolizan las blancas el invariable triunfo del Bien sobre el Mal? El enorme rostro miraba a Winston con su poderosa calma. Las blancas siempre ganan.
La voz de la telepantalla se interrumpió y añadió en un tono diferente y mucho más grave: «Estad preparados para escuchar un importante comunicado a las quince treinta. ¡Quince treinta! Son noticias de la mayor importancia. Cuidado con no perdérselas. ¡Quince treinta!». La musiquilla volvió a sonar.