Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Kopp nos aguardaba adentro con unos pocos españoles. El médico y los camilleros ya no estaban. Parecía que todos los heridos habían sido rescatados con excepción de Jorge y uno de nuestros propios hombres, llamado Hiddlestone, que habían desaparecido. Kopp, muy pálido, caminaba sin cesar. Incluso los pliegues de grasa de la nuca se le veían pálidos; no prestaba ninguna atención a las balas que pasaban por encima del bajo parapeto y se estrellaban cerca de su cabeza. La mayoría de nosotros estábamos agazapados detrás del parapeto buscando protección. Kopp murmuraba ininterrumpidamente: «¡Jorge! ¡Coño! ¡Jorge!»*. Y luego, en inglés: «¡Si Jorge ha muerto, es terrible, terrible!». Jorge era su amigo personal y uno de sus mejores oficiales. De inmediato se dirigió a nosotros y pidió cinco voluntarios, dos ingleses y tres españoles, para buscar a los hombres que faltaban. Moyle y yo, junto con tres españoles, nos ofrecimos.