Homenaje a Cataluña

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Al día siguiente, los guardias de asalto estaban en todas partes en actitud de conquistadores. No cabía duda de que el gobierno hacía un despliegue de fuerza a fin de acobardar a una población que evidentemente no ofrecería resistencia. Si hubiera temido la posibilidad de nuevas luchas, habría mantenido a los guardias de asalto en los cuarteles, en lugar de desparramarlos en pequeños grupos por toda la ciudad. Sin duda, exhibía tropas espléndidas, las mejores que yo había visto en España y, aunque en cierto sentido eran «el enemigo», no pude dejar de sentir agrado y cierta sorpresa al verlas marchar. Estaba acostumbrado a la milicia andrajosa y apenas armada del frente de Aragón, y no sabía que la República contara con tropas como ésas, formadas por hombres físicamente excepcionales y provistas de armas que me dejaron atónito. Todos portaban fusiles flamantes, del tipo conocido como «fusil ruso» (enviados a España desde la URSS, pero fabricados, según creo, en Estados Unidos). Pude examinar uno de ellos. Estaba lejos de ser perfecto, pero era increíblemente mejor que los antiquísimos trabucos que teníamos en el frente. Disponían, además, de una pistola automática cada uno y de una metralleta por cada diez hombres; en el frente había aproximadamente una ametralladora por cada cincuenta hombres, y pistolas y revólveres sólo podían conseguirse por medios ilegales. (En realidad, aunque no lo había observado hasta ese momento, lo mismo ocurría en todas partes). Los guardias civiles y los carabineros, que no estaban destinados para nada al frente, tenían mejores armas y mejores ropas que nosotros. Sospecho que lo mismo acontece en todas las guerras: siempre hay idéntico contraste entre la reluciente policía de la retaguardia y los andrajosos soldados de las trincheras. Por lo general, los guardias de asalto de Valencia comenzaron a llevarse bien con la población transcurridos uno o dos días desde su llegada. El primer día hubo algunas enganchadas porque, obedeciendo órdenes, según supongo, actuaron de forma provocativa. Algunos grupos asaltaban tranvías, registraban a los pasajeros y, si llevaban en su bolsillo un carnet de la CNT luego se lo rompían y pisoteaban. Esto provocó enfrentamientos con anarquistas armados y una o dos personas murieron. Muy pronto, sin embargo, los guardias de asalto abandonaron su aire de conquistadores y las relaciones se tornaron más cordiales. Observé que muchos de ellos consiguieron una amiga al cabo de pocos días.


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