Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña No ocurría mucho en el frente. La batalla en torno a la carretera de Jaca había terminado y no se reanudó hasta mediados de junio. En nuestra posición, los tiradores apostados representaban el principal problema. Las trincheras fascistas estaban situadas a más de ciento cincuenta metros pero en un terreno más alto, y nos rodeaban por dos lados, porque nuestra línea formaba un saliente en ángulo. El vértice del ángulo era un punto peligroso; los tiradores siempre causaban allí muchas bajas. De cuando en cuando, los fascistas nos disparaban granadas de fusil o algo similar. Causaban un estrépito insoportable que nos dejaba con los nervios destrozados, pues nos tomaban por sorpresa y no teníamos tiempo de buscar protección: pero no eran realmente peligrosas. El orificio que dejaban en el terreno no era más grande que una bañera. Las noches eran agradablemente cálidas, los días muy calurosos, los mosquitos empezaban a molestar y, a pesar de la ropa limpia traída de Barcelona, casi de inmediato nos cubrimos de piojos. En los huertos desiertos de la tierra de nadie las ramas de los cerezos se blanqueaban de flores. Durante dos días hubo lluvias torrenciales, las trincheras se inundaron y el parapeto se hundió treinta centímetros: después tuvimos que cavar y extraer la arcilla pegajosa con las pésimas palas españolas que carecían de mango y se doblaban como si fueran de estaño.