Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Regresé al centro de la ciudad. En los edificios del POUM ya no flameaban las banderas rojas, sino los estandartes republicanos. Grupos de guardias civiles armados surgían de todos los portales. En el centro de Ayuda Roja, situado en la esquina de la Plaza de Cataluña, la policía se había entretenido destrozando casi todas las vidrieras y los puestos de libros habían sido vaciados y el tablón de anuncios, que había un poco más abajo de las Ramblas, había sido cubierto con el cartel anti-POUM en el que una máscara ocultaba un rostro fascista. Hacia el final de las Ramblas, cerca del muelle, contemplé un espectáculo curioso: una hilera de milicianos, todavía andrajosos y cubiertos del barro del frente, despatarrados exhaustos en las sillas de los limpiabotas. Sabía quiénes eran e incluso reconocí a uno de ellos. Eran milicianos del POUM que habían llegado el día anterior para encontrarse con la disolución de aquél y que habían tenido que pasar la noche a la intemperie por estar vigilados sus hogares. Todo miliciano del POUM que regresara a Barcelona en ese momento tenía que elegir entre ocultarse o terminar en la cárcel, recepción no muy agradable al cabo de tres o cuatro meses de trinchera.