Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña A media altura de las Ramblas me crucé con uno de los heridos del Sanatorio Maurín. Intercambiamos ese guiño invisible que la gente utilizaba en esa época y nos las ingeniamos para quedar discretamente en un café algo más arriba. Había escapado al arresto durante la redada en el Maurín pero, como los demás, ahora se veía obligado a hacer vida en la calle. Estaba en mangas de camisa, ya que al huir no pudo recoger la chaqueta, y no tenía un centavo. Me contó cómo uno de los guardias civiles había arrancado de la pared el gran retrato de Maurín y lo había pateado hasta destrozarlo. Maurín (uno de los fundadores del POUM) estaba en poder de los fascistas y se creía que ya lo habían fusilado.
A las diez de la mañana me encontré con mi esposa en el consulado británico. McNair y Cottman no tardaron en presentarse. Lo primero que me dijeron fue que Bob Smillie había muerto en una cárcel de Valencia, nadie sabía de qué. Lo habían enterrado sin demora y al representante del ILP, David Murray, no se le había dado permiso para ver el cadáver.