Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Resultaba extraño arrastrarse por esos campos vacíos donde todo se había detenido en el preciso momento de la cosecha. Los cultivos del año anterior no se habían tocado. Las viñas sin podar serpenteaban sobre el terreno, las mazorcas de maíz estaban duras como piedras, la remolacha se había hipertrofiado en enormes masas leñosas. ¡Cómo deben de haber maldecido a ambos ejércitos los campesinos! A veces, grupos de hombres salían a recoger patatas en tierra de nadie. A dos kilómetros a nuestra derecha, donde ambas líneas estaban más próximas, había un campo de patatas frecuentado por ambos bandos. Nosotros íbamos durante el día, y ellos sólo por la noche, ya que se encontraba dominado por nuestras ametralladoras. Una noche, con gran indignación nuestra, se lanzaron en masa y limpiaron todo el terreno. Descubrimos otro campo un poco más adelante, donde prácticamente no había ninguna protección y teníamos que recoger las patatas de bruces, posición realmente agotadora. Si las ametralladoras fascistas nos descubrían, debíamos aplastarnos como la rata que pasa por debajo de una puerta, mientras las balas desmenuzaban los terrones de tierra a nuestro alrededor. En ese momento parecía valer la pena. Las patatas comenzaban a escasear. Si uno conseguía llenar una bolsa, podía cambiarlas en la cocina por una cantimplora de café.