La hija del clerigo
La hija del clerigo ¿Quién era? Le dio vueltas y más vueltas a aquella pregunta y descubrió que no tenÃa ni la menor idea, aunque, al ver pasar a la gente y los caballos, comprendiera que era una persona y no un caballo. Entonces la pregunta cambió y adoptó la forma: «¿Soy un hombre o una mujer?». Y, una vez más, sus sentimientos y sus recuerdos no le proporcionaron ninguna pista. Pero en ese instante, probablemente por casualidad, rozó su cuerpo con la punta de los dedos. Comprendió más claramente que antes que su cuerpo existÃa y que era suyo…, que era, en realidad, ella. Empezó a explorarlo con las manos, y sus manos encontraron unos pechos. Asà que era una mujer. Solo las mujeres tienen pechos. De algún modo supo, sin saber cómo, que todas las mujeres que pasaban tenÃan pechos debajo de la ropa, aunque no pudiera verlos.