La hija del clerigo
La hija del clerigo DisponÃan de una hora para almorzar y encendÃan fuegos con vástagos de lúpulo —estaba prohibido, pero todos lo hacÃan— y calentaban el té y los bocadillos de beicon. Después del almuerzo empezaban a recoger otra vez hasta las cinco o las seis de la tarde, cuando el medidor volvÃa a pasar a recoger el lúpulo, tras lo cual ya podÃan volver al campamento.