La hija del clerigo
La hija del clerigo A la mayoría de los braceros no les importaba, pues más de la mitad eran gitanos y estaban acostumbrados a jornales míseros, y casi todos los demás eran vendedores y tenderos del este de Londres que iban a recoger lúpulo en las vacaciones y se contentaban con ganar suficiente para pagar el billete de ida y vuelta y divertirse un poco los sábados por la noche. Los granjeros lo sabían y se aprovechaban. Lo cierto es que si la recolección del lúpulo no se considerase una especie de vacaciones, dejaría de cultivarse porque su precio es tan bajo que ningún granjero podría permitirse pagar a los braceros el salario mínimo.