La hija del clerigo
La hija del clerigo —¡George! ¡Oye, George! ¿Ves a esa rubia de ah�
—¿Cuál, aquella tan flaca? SÃ. ¿Quién es?
—La hija del rector. La señorita Hare. ¿Sabes lo que hizo hace dos años? ¡Pues se fugó con un tipo tan viejo que podrÃa ser su padre! Se largó de juerga con él a ParÃs. Nadie lo dirÃa al verla, ¿eh?
—¡Vamos, hombre!
—¡Que sÃ! Hasta salió en el periódico y todo. Lo que pasa es que al cabo de tres semanas él la dejó tirada y ella volvió más fresca que una lechuga. Hace falta tener cara, ¿eh?
SÃ, tendrÃa que vivir con eso. Al cabo de muchos años, tal vez diez, aún seguirÃan murmurando de ella. Y lo peor era que la historia del Pippin’s Weekly probablemente no serÃa más que un vestigio expurgado de lo que la señora Semprill habrÃa contado en el pueblo. Como es natural, el Pippin’s Weekly no habrÃa querido arriesgarse a ir demasiado lejos. Pero los únicos lÃmites de la señora Semprill eran los de su imaginación y eran tan vastos como el propio firmamento.