La hija del clerigo

La hija del clerigo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando el rector salió de su habitación —sin afeitar, pues nadie le había llevado agua caliente— Ellen había ido al pueblo a preguntar infructuosamente por Dorothy. Al cabo de una hora la joven seguía sin aparecer y sucedió algo terrible y sin precedentes —algo que su padre no olvidaría mientras estuviera en este mundo—, el rector tuvo que prepararse el desayuno…, sí, tuvo que mancillar sus manos sacerdotales con un hervidor de agua ennegrecido y unas tiras de beicon danés.

Como es lógico, después de aquello su corazón rebosó rencor eterno contra Dorothy. Pasó el resto del día demasiado ocupado quejándose de la impuntualidad de las comidas para preguntarse por qué habría desaparecido y si habría sufrido algún accidente. Lo cierto era que la condenada chica (dijo varias veces «condenada chica» y estuvo a punto de decir algo peor) había desaparecido y que su desaparición había perturbado toda la casa. Al día siguiente, no obstante, la cuestión se volvió más apremiante, porque la señora Semprill empezó a contarle a todo el mundo la historia de la fuga. Por supuesto, el rector lo negó con vehemencia, aunque en su corazón albergaba la sospecha de que podía ser cierto. Había decidido que Dorothy era capaz de eso y de más. Una chica que se va repentinamente de su casa sin pensar siquiera en el desayuno de su padre era capaz de cualquier cosa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker